el sol iluminaba la sala y solo podía sentir un especie de calidez primaveral en un invierno frío y lluvioso. Me quedé mirándolo un rato, no había nada que arreglar pero no me quería ir de ahí. Nostalgia cuando vi el sillón. Un día de mucho sol y calor húmedo y pegajoso... ese día me senté por primera vez en el sillón, temerosa. Otras veces más me senté a llorar o para ser besada por el mismo Satanás.
Esta vez era diferente, puede ser la sinusitis o puede ser que me esté por venir, no lo sé. Me muevo a la otra ventana y miro el cielo, creo que es una de las mejores vistas porque no solo miro el cielo sino los techos de los edificios y algo así me imagino a Buenos Aires. El sol me pegaba en la cara, en los hombros, en las piernas, me llenaban de esa calidez, de esa libertad que siento que perdí y me pregunto si alguna vez seré libre como esas mujeres de las fotos. Me invade un sensación de tristeza. Solo supe que tenía que bajar la persiana y mientras la bajaba, me di cuenta que hay ciertas cosas hay que cerrar. Ya solo quedaban pequeños rayos de algo que quiso ser y nunca fue.
#2
En el balcón de enfrente, una joven queriendo ser mujer se posa en la baranda. Su cuerpo quemado por el sol y recuerdos que flotan en su mente. Un joven queriendo ser hombre se acerca a ella, se miran, se acercan, se alejan. La brisa veraniega todavía se siente en el aire. Los amores descuidados volviéndose a vincular. El ocaso se acerca y donde quedan vestigios de las personas que fuimos el cielo estrellado sale a desvelarnos.
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