el sol iluminaba la sala y solo podía sentir un especie de calidez primaveral en un invierno frío y lluvioso. Me quedé mirándolo un rato, no había nada que arreglar pero no me quería ir de ahí. Nostalgia cuando vi el sillón. Un día de mucho sol y calor húmedo y pegajoso... ese día me senté por primera vez en el sillón, temerosa. Otras veces más me senté a llorar o para ser besada por el mismo Satanás.
Esta vez era diferente, puede ser la sinusitis o puede ser que me esté por venir, no lo sé. Me muevo a la otra ventana y miro el cielo, creo que es una de las mejores vistas porque no solo miro el cielo sino los techos de los edificios y algo así me imagino a Buenos Aires. El sol me pegaba en la cara, en los hombros, en las piernas, me llenaban de esa calidez, de esa libertad que siento que perdí y me pregunto si alguna vez seré libre como esas mujeres de las fotos. Me invade un sensación de tristeza. Solo supe que tenía que bajar la persiana y mientras la bajaba, me di cuenta que hay ciertas cosas hay que cerrar. Ya solo quedaban pequeños rayos de algo que quiso ser y nunca fue.
Oda a la bronca
Imagina a una golondrina En tu hombro derecho Susúrrale Esto me genera bronca Voy susurrándole A la golondrina La bronca que llevo Por dentro Pero Son años y años De bronca acumulada, De gritos hechos silencios De gargantas mudas De músculos tiesos Son años De lágrimas escondidas De nudos en el cuerpo De llamas en el pecho De palabras en blanco Arde Troya en mis manos En mis ojos, Roma está en llamas. Le susurro a la golondrina Pero ya no sé quién Le susurra Si soy yo O La bronca
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